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Rayos y centellas

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Una luz; un camino por explorar; un abrazo en el momento exacto; tu boca recitando aquellas palabras tan necesarias; tu perfección.
Unas manos que tocan mis acordes; unas copas de vino en una terraza cualquiera; una noche contando las estrellas que queremos conquistar; una playa donde caminar juntos hablando de los sueños que tenemos y que queremos compartir.
Una llamada a tiempo; unas fotos del pasado.
Un capricho de amor. Del puro.
Dormir separados pero de la mano.
Unas promesas que cumplir.
Una visión del futuro que nos ilusiona y nos aterra a la vez. Una distancia que pretende separarnos.
Tu risa con la mía hace que retumbe el universo.
Eres pura magia. Eres la casualidad más bonita que he experimentado. Eres mi compañero. Eres amor. De mi vida. Años juntos. Tu familia que se ha convertido en la mía. Mi familia, también la tuya.
Y ya han pasado cuatro años. Contigo, conmigo. Juntos, codo con codo.
En unos meses nos separamos el uno del otro y, si lo pienso, me mata la pena. Qué haré sin ti. …

Inconquistables

Aquellos que se preguntan qué es un alma invicta, aquí tendrán su respuesta.

Quizás estas palabras deberían ser las primeras que debería leer cualquier seguidor de mi blog, para saber qué es lo que va a ir conociendo.

Un alma invicta es aquella que ha pasado por auténticos calvarios; calvarios que la vida ha querido ponerle en su camino.
Aquellas almas que han conocido el vacío y se han visto cayendo sin remedio en él, sin alas y sin paracaídas, destinadas a un golpe brutal.
Son aquellas que se han encontrado cara a cara con el diablo y han sido susceptibles a hacer un pacto con él, solo por poder liberarse de ese dolor. Dolor que mataba, que ahogaba y no dejaba un solo hueco para que pasara un poco de aire. Dolor que atemorizaba, amenazando con que no habrá momentos felices, solo aquellos que quedaron en el pasado y en el recuerdo.
Y son aquellas que un día decidieron ponerle fin a esas sensaciones. Que un día optaron por llevar el rumbo de sus vidas y ser las dueñas de su destino.
Son a…

Mi verdadera lucha

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En muchas de mis entradas he hecho referencia a una enfermedad que tuve.
Quizás no sea necesario pronunciar su nombre, quizás me falte valor para ello, pero esta entrada voy a dedicársela a ella y cómo cambió mi vida.
Esa enfermedad se llama depresión.
Muchas personas confunden la tristeza con la depresión.
La tristeza es un estado de ánimo, pasajero, que se tiene en momentos concretos de nuestras vidas. Totalmente necesaria para conocer a su hermana la felicidad. No existe la una sin la otra. La depresión es una enfermedad. Una enfermedad que precisa de terapias y tratamientos, que aparece para quedarse, que te mata poco a poco y te ata las manos para que no puedas hacer nada contra ella. Es una secuestradora, asesina, ladrona, acosadora.
No tiene compasión, te destroza la vida, la mente y el alma; desestructura las relaciones familiares y de amistad; consigue que la tierra te trague y te lleve al mismísimo Averno, para someterte al diablo.
Te apaga todas las luces de tu camino, te quema…

Feliz no aniversario

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11 de mayo. Una fecha especial. Una fecha que resalta sobre todas las demás. Y no por ser precisamente deseada.

Ha pasado un año desde el día en que el caos se apoderó de mí, desde que la vida me dio esa bofetada que me arrancó la venda de los ojos.

Aún recuerdo todas y cada una de las palabras que me soltaste, sin anestesia, sin tacto. Todo por ganarte mi odio. Porque era lo mejor para mí, decías.
Un año juntos y aún no sabías que no sé odiar a nadie. 365 días juntos sabiendo mi desequilibrio emocional y elegiste aquellas palabras y aquella forma de decirlas.

Cómo doliste. Durante meses.
Aquel 11 de mayo se derrumbaron todos los pilares que tenía construidos contigo. Mis torres gemelas sufrieron un atentado que desembocó en un caos imposible de organizar.

Tú fuiste mi caos. Desde el primer momento, que apareciste en mi vida, hasta el último. Y el último no fue un 11 de mayo. Porque te fuiste, sí, pero, de cuando en cuando, volvías, rompiendo todas las murallas que iba construyendo para def…

Mayo

Mayo.
Siempre me traes disgustos. Siempre penas, decepciones y malos recuerdos. Angustias y agobios.

Juré que este iba a ser mi año, pero llegas tú queriendo arrebatármelo y pretendiendo torcer mi camino.

Esta vez no te lo permitiré. No voy a luchar contra ti.
Llévate de mi vida a quien quieras llevarte; trae todos los recuerdos que quieras; agóbiame si puedes.

Yo veré cómo van pasando tus días y tú te vas agotando con ellos; y, al final, quedaré yo.
Se quedarán los que quieran quedarse, cubriré los recuerdos con sábanas blancas, soplaré contra tus vientos, y seguiré aprendiendo.

Porque eres una etapa más que pide ser superada. Y así será. Como ya fue en otra época.

Al fin y al cabo, siempre me acabas haciendo más fuerte. Más invicta.

Ni cuentos ni hadas

La vida no es todo un camino de rosas.
Y de eso me he dado cuenta.

He creído tenerlo todo y he apostado por lo que tenía.
He visto como todo encajaba pero, de pronto, algo se descuadra y la maquinaria empieza a fallar. Suena la alarma de peligro y cunde el pánico.
He tenido que respirar hondo y visualizar lo que estaba ocurriendo.

Y pensando mucho, no logro entender cómo es posible fallarle a alguien que ha creído tanto en ti.

Y empiezo a dejar de confiar en aquello en lo que creí tanto.

La rabia a veces me acompaña durante horas, y aprieto los dientes.
Veo cómo está ahí, pendiente de cada movimiento que hago, de cada palabra que escribo. Pero juega al escondite, alargando una partida que acabó hace tiempo.

El coraje se apodera de mí cuando no llego a comprender cómo puede decirme a la cara lo importante que soy y que actúe de una manera completamente contraria.

Y vuelvo a recordarme que es fácil hablar, prometer, jurar, escribir y regalar poemas. Lo difícil es actuar, demostrar, cumplir. Sólo …

50 días

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Cuando un día conseguí llegar sana y salva a tierra firme tras haber estado meses a la deriva en un mar cuya furia desearía el mismísimo diablo, me dediqué a recoger los pedazos de mi alma.
Contra todo pronóstico, me sané. Pero mi visión de aquello que llaman amor cambió por completo. Y dejé de creer en él.
Y sin miramientos, la vida, esa que tantas veces me la ha jugado, te puso en mi camino. 
Quise taparme los ojos, como los niños hacen creyendo así que no son vistos por los demás.
Pero tú me estabas viendo. Me mirabas y observabas de cerca las ruinas que quedaban de mi imperio tras aquella guerra.
Y entraste. Con una bandera blanca, en son de paz, prometiendo enseñarme cosas que ni tú sabías.
Y se encendió la luz en aquel cuarto que cerré con llave y tapié con los ladrillos y el cemento más duros que encontré.
Y así fue como apareciste. Y así fue como estuviste, leyendo mis gestos y abrazando mis monstruos, aquellos que se niegan a abandonarme.
Y fuiste. Y te quise. Como tú me quisiste. C…